martes, 4 de abril de 2017

Un viaje inesperado

Soy de esos motociclistas que disfrutamos del rodar, no le pongo pero a los viajes largos, y para mí un viaje largo dura más de 6 horas, tanto tiempo sentada sobre mi máquina me encariña más a ella, sueño con que me pueda llevar donde yo quiera.
Fuimos a la sierra nevada del Cocuy, 400 Km de viaje por trayecto en dos días ida, uno vuelta, mi novio, su moto, la mía y yo, con la esperanza de llegar hasta la nieve.
Salimos un jueves tipo 5 a.m. bastante bien preparados para una aventura de 3 o 4 días, carpa, comida, algo de ropa, cobijas, y todo lo necesario y hasta lo innecesario para irnos a un lugar que no conocíamos a acampar.

Los primeros kilómetros del viaje fueron extraños, acompañados de la penumbra de la madrugada y la incomodidad de las maletas y equipajes mal amarrados a las motos, esa sensación de frustración por haber recorrido tan solo 20 Km e ir con dolores raros y de todo lo que hacía falta por recorrer.
Parada a reacomodarnos y seguir por la autopista vía Tunja, velocidad promedio de 70 Km/h con el frío de la madrugada y de las montañas cundiboyacenses despunta el sol y empieza a lloviznar, o a caer gotas del agua de las nubes que nos rodeaban, parada a empacarnos dentro de los impermeables.
Bienvenidos a Boyacá, nos detuvimos en Ventaquemada para desayunar, llevábamos unas 3 horas de viaje y los efectos del frío y el agua empezaban a repercutir hasta en los huesos, un paradero de carretera donde los caldos los sirven con el carbón dentro del plato, justo eso era lo que necesitábamos.
Casualmente nos encontramos un mapa del departamento de Boyacá en el lugar donde paramos a desayunar, y ahí fue donde realmente empezamos a notar en la que nos habíamos metido, nos hacía falta atravesar todo el departamento de sur a norte y sólo conocíamos hasta Duitama la carretera, algo así como la mitad del trayecto.

Continuamos, llegamos hasta Duitama con un recorrido bastante pasado por agua, los guantes empiezan a desteñir. Después el panorama mejora, una carretera espectacular pasando por pueblitos pequeños tan boyacenses que me hacen añorar aquella época campesina de mi vida.

El clima ya era monótono, lluvia, sol, lluvia, sol realmente no importaba mucho después de 5 horas de estar aguantando lo mismo, observaba el paisaje montañoso de la región, con poco tráfico y uno que otro lugareño en la vía, llamaron mi atención unos cultivos grandes de pequeñas flores amarillas.
Se iban complicando las curvas estrechas de la subida hacía el páramo, el asfalto mojado es demasiado peligroso y de repente me vi más cerca del suelo de lo que debería y el golpe contra el pavimento me aterrizó; literal.
La maleta sirve de lastre y se me dificulta levantarme, solo atino a gatear para levantar la moto. Afortunadamente no estamos solos. Mi novio me levantó, levantó mi moto y nos ubicamos junto al guardarriel de la curva.
Pasaron unos vecinos: “Cuidado que eso es peligroso” dos hombres en moto, con ruanas y sin casco se dirigen a un cultivo cercano. Pasaron unos turistas en scooter y no sabíamos realmente donde estábamos, veíamos relativamente cerca una capilla, pero me duele todo el cuerpo, azotarse contra el suelo le demuestra a uno de que estamos hechos, seres humanos de carne y hueso, débiles y frágiles.
Pensar en todo lo que hacía falta por recorrer me hizo tomar fuerza para continuar, seguimos a un ritmo mucho menor, no solo por el clima, mi cuerpo adolorido apenas podía responder a los movimientos necesarios para seguir en la carretera.

Bajando del páramo el clima cálido de la región y el medio día reconfortan un poco. Bienvenidos al paraíso del dátil, Soata, el pueblo más grande de toda la región de geografía montaña árida y seca, paramos a almorzar y a extender toda nuestra ropa y equipaje sobre las motos. Se secó.
Vamos para el Cocuy y un letrero de desviación anuncia que faltan más de 100Km, pero bueno, teniendo en cuenta lo que llevamos de viaje, ya vamos a llegar.
La vía de Soata a Boavita es un cañón precioso, sobre el río Chicamocha, un río que va bajando de esas montañas donde nace, con fuerza e imponencia, para convertirse en ese gran río que ya conocíamos entre San Gil y Bucaramanga, el mismo del gran cañón del Chicamocha.

Así mismo es la carretera, angosta donde sólo cabe un doble troque como el que iba frente a nosotros, con curvas muy cerradas y rodeado de cactus de donde supongo cultivan los dátiles.
No tengo demasiada pericia al conducir, y por esta razón a veces necesito la ayuda del experto conductor que es mi novio para que me ayude a sobrepasar en lugares complicados como ese, él pasó adelante, sobre pasó el camión y empezamos a bajar a un mejor ritmo, con la pauta marcada por él.
En una pequeña recta que terminaba en curva hacía el precipicio del cañón, veo que a mi novio se le bloqueó la llanta trasera de la moto, salé humo, controla la moto para no caer, freno y me detengo como puedo, ¿qué pasó?. Se salió la cadena de la moto, normal con un kit de arrastre ya desgastado, se trabó la cadena entre la tijera y el plato, se rompió la cadena.
Ya habíamos avanzado suficiente como para desistir, “hasta aquí llegó el paseo”, momento, para este tipo de situaciones decidimos ir en dos motos, al pasar por Soata notamos que era lo suficientemente grande como para tener tienda de repuestos de motos, un vecino de la única casa cercana nos colaboró dejándonos resguardar del calor y de la inclemencia de estar en el borde de la carretera varados.
Subo nuevamente por el cañón, llego a Soata y en algún lugar debe haber taller de motos, en los pueblos hay muchas motos que normalmente requieren repuestos, veo un grupo de mecánicos sentados sobre el andén jugando a los dados. Buenas tardes señores, ¿saben dónde puedo encontrar un taller o tienda de repuestos de motos?. Con las indicaciones llegué a un almacén grande y si no encontraba la cadena ahí, hasta ahí había llegado el paseo.
Logré conseguir el repuesto y vuelvo a bajar por el cañón con un poco más de miedo que la primera vez, no quería volver a caer y sola esta vez. Llegué y una jarra de limonada nos tenía el vecino buena gente. Mi novio como buen experto motociclista ya tenía la moto lista para montarle el repuesto y desvararnos para continuar con nuestro paseo que en ese punto del día ya iba convertida en travesía.

Continuamos, subimos el cañón desde el otro costado y cada vez la carretera empeoraba, yo sólo me preguntaba cómo hacían los buses que viajaban desde Bogotá al Cocuy para no caer por la bancada muchas veces incompleta.
Siendo aproximadamente las 6 de la tarde y habiendo subido al frío y bajado a clima templado varias veces en el día ya me sentía bastante agotada, con la vía destapada el ritmo se reduce, los huecos golpean el cuerpo. Vamos a parar a descansar en la siguiente población y pasamos la noche. No se veía nada cercano.
Llegamos a un pueblito pequeño, Guacamayas, en este país todas las cosas en un pueblo están en el marco de plaza central, dimos la vuelta una pequeña tienda de comidas rápidas estaba abierta, preguntamos a la gente un hotel, sí, había uno sólo en el pueblo y hacía allá nos dirigimos.
Guardamos las motos en el hotel, fuimos a comer en la misma tienda donde preguntamos por indicaciones, y regresamos acostarnos en una cosa que no se moviera, ni vibrara, ni hiciera ruido de motor.
Viernes, 8 a.m ya no había afán de llegar, no sabíamos que tan lejos estábamos del Cocuy, pero ya habíamos pasado por suficientes percances como para preocuparnos por el día de retraso que ya llevaba nuestro viaje.

Un día nuevo, sin lluvia, arrancamos y tras pasar por Panqueba que era el siguiente pueblo del camino llegamos al Cocuy, si hubiéramos sabido que estábamos tan cerca hubiéramos llegado la noche anterior. O tal vez, ni siquiera hubiéramos llegado.

Buscamos la oficina de parques naturales para registrarnos para ir a la sierra, en el lugar nos dieron las indicaciones pertinentes, aunque ya teníamos pensado dónde nos íbamos a quedar y hasta dónde íbamos a ir lo confirmamos allá.
Tuvimos tiempo para almorzar, descansar un poco y hasta conversar con la pareja de viajeros que pasaron en scooter cuando estábamos botados en la curva en la que yo me caí. Nos desconectamos de la civilización, hasta ese punto nuestros teléfonos tenían utilidad para comunicarnos con los familiares, 20Km hacía arriba para llegar al parque.

Del Cocuy hasta la entrada a la sierra la carretera era un camino veredal al que le habían pasado la “cuchilla” hacía poco, una vía destapada que estaba buena, buena para las motos todo terreno que tienen los habitantes de la región, para nosotros, un riesgo.


En el último kilómetro de ese recorrido pensaba en que no quería tocar el suelo una vez más, me dolía mi pierna izquierda, pero iba bastante entretenida por mantenerme en pie con todo y mi moto sobre el barrial de la carretera. Llegamos al parque natural nacional sierra nevada del Cocuy, una cabañita de madera y una vara de madera en la entrada nos anunciaba que efectivamente lo habíamos logrado.



La casa de los Herrera, el lugar donde íbamos a acampar, era una casita de paredes de bareque, techo de paja, pared de frailejón seco, techo de zinc, salió don Herrera a nuestro encuentro, seguido por unos familiares aparentemente paisas que estaban de visita, ¿se van a quedar acá? ¿Vienen desde Bogotá? ¡Muchos machos!. Me sentía en ese momento llena de gloria y regocijo, ellos, acostumbrados a ver llegar gente de todas partes del mundo nos estaban reconociendo el esfuerzo.

Las siguientes horas y días las pasamos caminando en esa sierra, bosques de frailejones, nacimientos de agua, y mucha lluvia que no nos permitió llegar hasta la nieve.


Bueno, será en otra oportunidad. “Eso tienen que venir es en enero, para verano esto si es bonito, por esta época eso son unas nevazones terribles, ¿no ven como bajan esos ríos?”.

Domingo en la mañana, vamos a emprender el regreso, arreglamos nuevamente el equipaje, ya por lo menos sabíamos dónde estábamos, que tan lejos quedaba Guacamayas, y la casa. Salimos del parque, el viaje lo empezamos con la parte dura de barro y no caerse, continuamos bajando por el destapado riesgoso donde tocaba tomar las curvas con sumo cuidado, no quería volver a caer, iba delante revisando por los espejos que mi novio siempre viniera detrás mio.
Una curva de cuidado, seguida de otra curva de cuidado, volteo a mirar por el espejo, no veo a mi novio, reduzco la velocidad, no lo veo, me detengo y al no ver que salga de las curvas me devuelvo, me lo encuentro en el espacio “recto” entre las dos curvas anteriores, venía con esa frustración en la cara que se nota. Se había caído. No importa amor, tranquilo.

En seguida, el resto del trayecto no difiere mucho a la dureza del viaje de ida, pies mojados, manos entumidas, inclemencias del clima con los motociclistas. Pero lo logramos, más de 12 horas de viaje y estamos en casa, nos quedan los golpes, el cansancio, las imágenes del paisaje que conocimos y la esperanza de poder llegar una próxima vez hasta la nieve, eso sí, el viaje lo hacemos en carro.

domingo, 26 de abril de 2015

Volvemos al aire

Después del cambio de baterías la historia continúa...

Todo salio muy bien, justo al recibir las baterías salió un viaje a una laguna, probamos la cámara en todas condiciones, lluvia, bajo agua con algas, vibraciones. Después de ver los vídeos concluimos que es una buena cámara, pero no todo puede ser felicidad.

Al llegar a casa, nos dispusimos a cargar las baterías y una nueva sorpresa aguardaba, la cámara no carga las baterías.

Fuimos con el proveedor y accedieron a cambiarla, 15 días hábiles. Volvimos por nuestra nueva cámara y al revisarla, otra sorpresa, accesorios incompletos, y nos hicieron la devolución del dinero lo que nos llevó a algo que había dicho no hacer, comprar una GoPro, por suerte salió una versión "económica" de ellas, tras unos días (4), que buenas imágenes.

Esta es una muestra.




viernes, 20 de marzo de 2015

El sentido de la vida

"Montar moto, es vivir.
Cualquier cosa que pase antes o despuésEs sólo esperar"                          Steve McQueen

martes, 17 de marzo de 2015

Usar una SportCam y no frustrarse en el intento.


Hoy es el día 2, experimentando problemas técnicos, me doy cuenta que cada vez es mas difícil conseguir productos en perfectas condiciones, la historia de este blog comenzó cuando decidimos comprar una cámara para rodar, no una GoPro, es demasiado si no vas a vivir de esto, entonces fuimos al primer intento, compramos una cámara y al llegar a casa dimos con una que no cargaba, se devolvió, y en otro almacén se compro la Bullet Lite 2 HD.




Todo salio bien, pero al llegar de nuevo a casa, sorpresa!, no traía el soporte para asegurarla,
así que reclamamos, y se completaron los accesorios (el de el manubrio sigue incompleto), y de repente, las baterías están infladas, espero poder cambiarlas por que estas duran como máximo 15 minutos y así no sirve.

Acá parte del segundo día.




Nuestro Estilo

(Del fr. motocyclette).
1.       f. Vehículo automóvil de dos ruedas, con uno o dos sillines y, a veces, con sidecar.

Más que un medio de transporte como lo indica la RAE, una moto (de cariño) es un estilo de vida, para andar en ella uno se prepara específica y cuidadosamente para utilizar la moto, trata de decirle a alguien que ya está listo para salir en moto: mejor vamos en carro, o en bus; muy seguramente la persona que tiene casco, chaqueta, guantes, ha alistado y revisado su vehículo para salir, te entregará una mirada de ¬¬. Conducir una motocicleta es diferente, movilizarse en ella es diferente, cosa que incluso cambia dependiendo del tipo de moto, por esta razón uno piensa diferente a otros actores viales y lleva ese pensamiento a su cotidianidad.
Fuente
Esa es la razón de ser de este blog, por ser más que la forma de transportarnos decidimos grabar nuestros desplazamientos en moto, para compartir esa forma diferente ver el mundo.


lunes, 16 de marzo de 2015